¿Qué futuro espera al género humano en un planeta al límite de la sostenibilidad provocada

 por el macro-organismo en que se ha convertido?

Es importante no perder la esperanza en el futuro de la humanidad, pues resulta posible ya que tenemos el poder y el conocimiento para saber cómo conseguir alcanzar un futuro mejor y sostenible… Pero nos falta tomar conciencia de la situación de riesgo y gestionar, racionalmente, el protagonismo responsable que nos corresponde. Puesto que disponemos de los medios para buscar y encontrar, en el ámbito personal y colectivo, las explicaciones y soluciones urgentes y necesarias, entre las muchas posibilidades que tenemos a nuestro alcance, para regular el control homeostático equilibrado y sostenible del sistema antrópico, entre biológico animal {y/o} humano sociocultural, que estamos generando. Sin embargo, la situación no es sencilla ni fácil, sino por el contrario muy complicada y compleja.

Para resumir y simplificar la pregunta y sus posibles interpretaciones o respuestas, centraremos el planteamiento de la cuestión, propuesta a reflexión, en proposiciones hipotéticas extremas o antagonistas, pero a la vez manteniendo todas las inferencias opcionales de soluciones intermedias, posibles y equilibradas, que pueden darse  entre los seres humanos, también las extra-específicas y las ecológicas ambientales acuáticas, aéreas… y terrícolas. Pues del mismo modo que hay infinidad de matices entre los colores espectrales luminosos entre el color blanco [o] el negro, también podemos intuir infinidad de posibles soluciones predictivas posibles y estables al devenir humano en el futuro desde un planteamiento de extremos idealizados e inestables… Tal enfoque nos permite adelantar, de antemano, que las soluciones realistas sostenibles para el futuro de la sociedad humana deben hallarse en equilibrio equidistante y estable, siempre temporal e imperfecto, pero armónico y equitativo entre las opciones utópicas e inestables que debemos integrar para que sean posibles, estables y sostenibles.

Así, por ejemplo, desde un planteamiento sistémico bioecológico, podemos hipotetizar entre dos sistemas antagónicos e idealizados de la sociedad humana, pero a la vez relacionados, equivalentes y entrelazados: un ideal de sociedad que responda a un modelo entre simbiótico-cooperante {y/o} parásito-egoísta. Centrándonos en el caso de una sociedad decantada hacia el diseño simbiótico-cooperante primarían las características humanas de solidaridad, en base a relaciones respetuosas y dialogantes, que trataran de conseguir el mejor beneficio entre las partes componentes del colectivo humano, en los diferentes niveles de complejidad sostenible. Y, por supuesto, en sintonía con lo anterior primarían los valores y actitudes socioculturales de equivalencia respetuosa y de equilibrio ajustado entre las obligaciones y derechos de los ciudadanos con las instituciones locales, nacionales e internacionales… Y, por supuesto, familiares, educativas y formativas. En el segundo caso, desde el mismo enfoque del pensamiento  científico sistémico bioecológico, pero en el polo opuesto de sociedad parásito-egoísta primarían actitudes y comportamientos egocéntricos y exclusivistas, tribales y excluyentes entre los ciudadanos y las instituciones. Lógicamente, tal modelo de regulación homeostática cabe esperar que potenciara relaciones individualistas, impositivas y coercitivas entre amos y siervos; a la vez que estimularía actitudes sociales y culturales basadas en la prepotencia bipolar de unos pocos amos y el miedo servil de la inmensa mayoría de lacayos o esclavos sumisos…

Entre estos dos planteamientos extremos de regulación homeostática de las comunidades humanas podemos inferir infinidad de soluciones intermedias posibles, más o menos equilibradas y estables, con más perspectivas de futuro sostenible y esperanzador que en cualquiera de las posiciones extremas o radicales excluyentes. Desde luego, la historia científica de la naturaleza  nos enseña, hasta la evidencia insistente y repetitiva, que el éxito de las re-evoluciones en la Naturaleza han sido posibles gracias al equilibrio estable entre situaciones antagónicas, equivalentes y entrelazadas, tanto en los sistemas físico-cósmicos como en los terrestres químico-biológicos y socioculturales-humanos. Nos hallamos, pues, ante una ley natural válida tanto para la dinámica clásica de Newton como para el proceso biológico de selección natural, acuñado por Darwin para los sistemas naturales biológicos. Es decir, que la hermosa historia del mundo natural comprueba que el principio físico newtoniano de acción causal {y/o} reacción efectiva es equivalente al principio biológico darwinista entre la evolución arborescente aleatoria {y/o} la selección natural necesaria. Comprobamos que son principios o leyes válidas tanto para los sistemas naturales físico-cósmicos, terrestres geoquímico-biológicos como animales-humanos.

Con la ventaja interesante de que en los sistemas biológicos y socioculturales humanos depende de nosotros que evolucionemos en el futuro por la vía parásito-egoísta, o bien, por la simbiótico-cooperante. Contamos, pues, con una razón muy poderosa a favor del sí a esta pregunta, ya que tenemos el poder y el saber para encontrar un equilibrio ventajoso entre las opciones antagónicas de sociedad humana en el futuro. Por tanto, depende de nosotros y no exactamente de los dioses y de fuerzas misteriosas o sobrenaturales que otra historia y otra humanidad sean posibles. La solución es que debemos valorar y primar la educación y la cultura de los ciudadanos como la mejor inversión de futuro equilibrado para lograr la paz y el bienestar social en cualquier pueblo o nación. Pero hay otro planteamiento de predicciones hipotéticas extremas en el que la especie humana podría también aspirar y salir airosa de la crítica situación del momento presente. Puesto que, desde un planteamiento cósmico extraterrestre, podemos plantear el dilema simplificado de extremos siguiente: como aquí y ahora no hay futuro sostenible a medio y a largo plazo para la incontrolada plaga humana, que está agotando el territorio y contaminando el resto de recursos naturales básicos para la vida, exploremos fronteras fuera del espacio terrestre en busca de nuevos horizontes de supervivencia. Es decir:  

¿El linaje humano se halla en condiciones de emigrar y trasladar el fenómeno específico de su evolución

a otros lugares del universo?…

Los indicadores que tenemos apuntan hacia el sí pues, teórica y tecnológicamente, la humanidad está en condiciones de intentarlo y se halla inmersa en los primeros balbuceos en la tentativa de expansión por el espacio planetario del sistema solar más próximo. Nos hallamos ante una situación equiparable a la de nuestros antepasados cuando hace unas centenas de miles de años invadieron el continente africano y en unas decenas de miles de años ocuparon el resto de continentes del planeta. Al día de hoy, puede parecer una opción muy remota, incluso de ciencia ficción, pero podemos hacer inferencias razonables sobre hechos retrasados en el tiempo y distantes en el espacio cósmico. Y desde luego, es una actitud humana, creativa y científica plantearnos retos futuros posibles, razonables e imaginativos que nos aguardan en la conquista del espacio. El astronauta Pedro Duque a la pregunta de un periodista sobre: «¿Qué se nos ha perdido allá afuera?»… y  comentaba con cierta ironía: «Esa pregunta es la misma que pudo hacer un tipo en un valle de Kenia a su compañero de tribu, cuando este le dijo que quería pasar la montaña para ver lo que había detrás: ‘Con lo bien que estamos aquí.’ Siempre hay gente así; pero, por suerte, siempre ganamos los que sentimos esa curiosidad. Hay que ver más allá»…” (XL Semanal 1465, 22-28 de noviembre del 2015).

Ante la intuición optimista afirmativa a la pregunta propuesta: ¿Qué es lo que podría suceder?… Sabemos muy poco, todavía, sobre las nuevas y variadas condiciones ambientales del espacio cósmico y las consecuencias que se derivan para la supervivencia del ser humano fuera del espacio terrestre. Pero algo podemos anticipar, en el terreno de las suposiciones hipotéticas sobre las poblaciones humanas instaladas en posibles aldeas del espacio sistémico solar, y algo menos en otros sistemas estelares galácticos, durante largos períodos de tiempo. Ciertamente, las hipotéticas poblaciones humanas colonizadoras al quedar aisladas por barreras espaciales, difíciles de franquear por el humano terrestre invasor, o bien cualquier otro competidor cósmico, comenzarían a cambiar y a diferenciarse con diferentes respuestas adaptadas a las nuevas condiciones y circunstancias del medio ambiental cósmico ocupado…

Consiguientemente, se produciría con el tiempo deriva genética y divergencias morfológicas y anatómicas, también sociales y culturales en respuesta a los diferentes hábitats del espacio cósmico ocupado. Además, los intentos de colonización serían múltiples y la mayoría cabe esperar que fracasaran en el intento, o bien, en la tentativa de asentamiento. Todo, en principio, similar a como hemos visto que debió acaecer en las etapas de hominización y humanización del ente humano en el pasado, prehistórico e histórico, en los diferentes ambientes ecológicos desde la zona del Rift en el continente africano y en el planeta entero después, pero cambiando el escenario terrestre por el ámbito extraterrestre invadido… Con imaginación y optimismo podemos hacer predicciones sobre hipotéticos intentos en colonizar el espacio extraterrestre al triunfar en el aterrizaje. Al cabo de unas decenas, centenas y hasta miles o millones de años sin contacto con el linaje originario de la Tierra serían, sin duda, muy diferentes a sus ancestros y a otras posibles colonias exitosas en el espacio exterior. Tanto que la posibilidad teórica, aunque algo lejana en el contexto actual científico y tecnológico, serían hipotéticamente posibles en un tiempo más o menos próximo…

Podemos seguir especulando que tras mucho tiempo y muchísima suerte, acompañada por la acción necesaria de las cuatro fuerzas fundamentales que mueven al mundo, con sus respectivas leyes naturales, estuvieran activas en las nuevas condiciones ambientales, es probable que evolucionaran en poblaciones, tan diferentes biológica y culturalmente, que podrían ser no sólo variedades humanas diferentes sino, incluso, especies biológicas totalmente distintas a la única especie humana actual. Por tanto, estaríamos ante otra aventura de especificidad biológica y sociocultural diferente a la nuestra. Y, en la lógica biológica, incapaces de reconocerse y atraerse sexualmente e intercambiar genes entre los machos y las hembras de las poblaciones aisladas con los sapiens terrestres originarios. Y en el supuesto hipotético de que volvieran a encontrarse serían biológica, social y culturalmente tan diferentes que, con toda seguridad, tendrían problemas para poder comunicarse… y muchas más para atraerse hormonalmente y reproducirse sexualmente entre sí.

Dejando las especulaciones anteriores, vamos a centrarnos en lo que podemos hacer ahora mismo ante la situación de futuro más inmediato y próximo. Estamos adquiriendo aptitudes tan poderosas que, si las usamos prioritariamente por la fuerza coercitiva biológica animal, o sea, sin tener en cuenta las cualidades socioculturales de la cordura razonable y equilibrada responsabilidad de seres humanos podemos llegar a autodestruirnos expoliando, contaminando, e incluso explosionando nuestra pequeña aldea planetaria con relativa facilidad y rapidez… y lo que es peor, de manera irreversible. Por ejemplo, si utilizamos el armamento nuclear atómico, químico o biológico del que disponemos, en guerras fratricidas para matarnos como moscas. También, si mantenemos el ritmo compulsivo consumista y despilfarrador de los recursos naturales, junto con la contaminación ambiental consiguiente de las últimas décadas, provocaremos cambios ambientales y climáticos sin precedentes, por su rapidez y envergadura, a la vez que migraciones brutales de gentes en un planeta superpoblado y bipolar, como estamos ¡ya!

De momento, nos hallamos inmersos en una crisis mundial de caballo, tanto que los expertos ecólogos y economistas califican de crisis sistémica. Es decir, que el sistema social, económico y político mundial imperante actúa de agente polarizador escandaloso entre unos pocos muy ricos embrutecidos por la ambición del poder que da el dinero; y la inmensa mayoría, cada vez más numerosa e inmensamente pobre, hambrienta… y excluida del sistema. Voces actuales autorizadas denuncian la indignidad de esta situación y la indecencia ética y moral de algunos personajes poderosos que la han provocado. Charles Ferguson, por ejemplo, ha denunciado esta situación mundial de personas desvergonzadas, cuando el 27 de febrero de 2011, al recoger el Oscar a la mejor película documental “Inside Job”, en el Kodak Theatre de los Ángeles, dijo señalando directamente a los responsables del inicio de la actual crisis económica mundial: “Disculpen, debo empezar señalando que tres años después de nuestra horrible crisis financiera, causada por un fraude masivo, ni un solo ejecutivo financiero ha ido a la cárcel, y eso está pero que muy mal.”

También, el economista Nicholas Stern alertó al mundo sobre el impacto del recalentamiento global y consiguiente cambio climático, con las consecuencias nefastas y que preconiza muy próximas para el futuro de la economía industrial y tecnológica, en manos de oligarquías que potencian políticas de pasividad o de brazos caídos frente al problema medioambiental. En 2005, este prestigioso economista presagió niveles de pobreza masiva y tensiones migratorias de gran envergadura y traumáticas… Ya en el 2011, recordó que nos quedaban unos diez o quince años para reaccionar, si no queremos caer en un futuro “irreversible y para nada halagüeño”, empleando en su pronóstico futurista una insinuación muy suave. El ascenso del señor Trump a la presidencia de EEUU complica muchísimo este asunto…

 

 

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