¿Qué protagonismo tiene la Humanidad ante el momento crítico por el que atraviesa su evolución sociocultural

y tecnológica en un planeta en vías de globalización?…

 

El sistema antrópico actual se halla, sin duda alguna, en el pico de máxima complejidad y ante el riesgo históricos de su peculiar evolución. Los pasos de las etapas evolutivas anteriores, con sus inflexiones y saltos ascendentes o descendentes en complejidad e interdependencia, se iniciaron con el big bang y continuaron hasta la emergencia y consolidación de la mente inteligente del ente humano, que incluye e integra todos los sistemas de la naturaleza biológica. El comienzo  de la inteligencia biogenética, aseguró de manera estable y autónoma la supervivencia de los sistemas de vida más simples o bacterianos… Y, ha seguido hasta los más complejos animales antrópicos o humanos, que representan la cúspide de la inteligencia social y cultural alcanzada por el fenómeno de la evolución en el mundo terrestre. Es cierto que el salto histórico actual de la evolución del fenómeno humana en la Tierra es, inmensamente, más complejo que en las fases prehistóricas e históricas anteriores. Se puede afirmar, empleando un símil analógico coloquial, que la humanidad actual con el entramado social y étnico, cultural y psicológico, industrial y tecnológico, político y socioeconómico en vías de globalización, tiene el protagonismo de un macro-organismo con poderes para generar fenómenos, procesos y acciones emergentes de consecuencias globales planetarias y cósmicas imprevisible,de cara el futuro. Todo indica que los sistemas antropozóicos: socioculturales, industriales, tecnológicos y telemáticos, generados por la especie humana en la biosfera terrestre han llegado a tal complejidad de variables entremezcladas e interactuantes que actúan como macro-organismo en muchos aspectos de la realidad.

Hasta el punto que influye, por ejemplo, como agente determinante en la evolución natural geológica y biológica global en el planeta como factor estabilizador, o bien, desequilibrante del ecosistema global biosférico con sus actividades demográficas, industriales, económicas, tecnológicas… y telemáticas del sistema antrópico actual. La balanza se inclina muy peligrosamente hacia la vertiente desestabilizadora ya que construye edificios y consume territorio, fabrica electrodomésticos, automóviles, barcos, aviones, ordenadores, televisores, ordenadores… también tanques, ametralladoras, bombas atómicas y demás artefactos de guerra mortíferos que evolucionan, a su vez, en conocimiento y poder tecnológico a una velocidad hasta ahora desconocida con el consiguiente expolio de recursos naturales y con la emisión de gases de efecto invernadero causantes de un inminente y acelerado cambio climático súper acelerado y global.

En la sociedad que nos toca vivir podemos observar signos reales de lo que tratamos de expresar, simbólica e hipotéticamente, con la expresión de macro-organismo capaz de acción sistémica emergente, al referirnos al fenómeno antropológico generado por la población humana y a sus actividades en el planeta. No pretendemos, en absoluto, dar alas a posicionamientos animistas, filosóficos y teológicos finalistas de ningún tipo fantástico e ideológico perfeccionista… y mucho menos dar pábulo a leyendas catastrofistas sobre la proximidad del fin del mundo, con juicio final incluido y profetizado por los representantes de creencias religiosas e ideologías filosóficas o políticas. Sin embargo, los poderosos medios informáticos de las ciencias de la comunicación, con la red de internet a la cabeza, son equivalentes a un sistema de información social y mediático a distancia que puede considerarse equivalente a un embrión del sistema nervioso del hipotético y analógico superorganismo humano. Por ejemplo, las redes sociales de internet permiten poner en contacto e interaccionar entre sí, y al instante, a las personas que integran el colectivo humano planetario a la velocidad electrónica de los fotones de la luz… con todo lo que este acontecimiento presupone en posibilidades y riesgos en el futuro.

Igualmente, las innovaciones y adelantos técnicos e industriales, artísticos y hasta los avances o retrocesos sociopolíticos y económicos equivaldrían a mutaciones de este hipotético macro-organismo, puesto que tiene características capaces de generar mutaciones tecnológicas en el sentido analógico aplicado al diseño material y al funcionamiento de los artilugios técnicos e industriales como bicicletas, coches, teléfono, ordenadores, bombas, satélites, robots… Y también es aplicable a la misma red de comunicación auditiva por la radio, visual por la televisión y virtual por las redes telefónicas y de internet. Todos estos fenómenos socioculturales antropozoicos son hechos que, lógicamente, dan lugar a una re-evolución de alcance tecnológico-industrial y económico conectada en redes interdependientes en las vertientes: científico tecnológica y mediática, política y socioeconómica… educativa y formativa. Desde luego, sin precedentes en el pasado del linaje humano pues es inmensamente más poderosa y rápida, compleja e impactante que en las fases de hominización social y de humanización cultural y psicológica de las civilizaciones prehistóricas e históricas más brillantes de épocas anteriores, tanto europeas como americanas, orientales u occidentales…

Otra característica predictiva del protagonismo del supuesto súper-organismo humanidad, desde una reflexión analógica a partir de la biología, sería que ha desarrollado un sistema de alarma informático inmunitario para curar las heridas, o bien, de prevención sobre ataques posibles y futuros a la salud estable del supuesto macro-organismo humano. Puesto que cuenta con alarmas preventivas y respuestas reguladoras homeostáticas globales de información, como son diferentes organizaciones internacionales del tipo Naciones Unidas, Protección de la infancia o Unicef, Amnistía internacional, Cruz roja, Greenpeace, Media Luna, Médicos del mundo, Aldeas infantiles SOS, Tribunales internacionales de justicia… e incluso las mareas humanas promovidas en las redes a través de internet. En cualquier caso, se trata de organizaciones humanitarias ciudadanas, tipo ONGs, unas más tradicionales en base a la caridad de los creyentes y otras más recientes como respuestas de fraternidad y de justicia humana universal irrenunciables. Ambas tendencias o actitudes responden a valores cooperantes y altruistas, que son características psico emocionales del súper mamífero humano.

Seguramente, instituciones y acontecimientos de este tipo irán a más, en competencia y colaboración eficaces, siempre que sigamos creciendo la mayoría social en la línea del pensamiento científico holístico con actitudes, valores y comportamientos de mayor compromiso cívico, social y cultural. Así lo hemos podido comprobar en las recientes movilizaciones del mundo árabe, no en las facciones bipolares fanáticas tipo talibanes o yihadistas, reclamando pacíficamente dignidad y justicia, pan y comportamientos democráticos a sus respectivos gobiernos, por primera vez en su historia, durante la primavera del 2011. Se trata de movimientos sociales, mayoritariamente juveniles, pero también de todas las edades y estamentos que en el fondo coinciden cuando exigen una depuración democrática real y participativa de los responsables políticos convencionales, la reconversión de la gestión usurera e inmoral de las sociedades financieras  y otros lobbies económicos proclives a la extorsión; junto a la eliminación de los paraísos fiscales escondrijo de oligarquías al margen de la ley, que esquivan los deberes sociales y económicos en sus respectivos países de origen y que llegan a comprar y utilizar para sus intereses económicos a algunos políticos elegidos democráticamente… demasiados, por desgracia.

Es muy esperanzador el resurgimiento de estos movimientos, pues demuestran altura y equilibrio cultural: conciencia social, reflexión dialogante, ansias de paz y compromiso honesto y justo por la política o la cosa pública. Sin duda son acontecimientos indicadores de un núcleo sociocultural de excelencia que se escapa al control de los poderes oligárquicos tradicionales… Ahora bien, estos movimientos cívicos colaterales, tan encomiables, deberían ser reemplazadas por legislaciones justas y eficaces de las instituciones cívicas y oficiales políticas de tal forma eficiente y responsable que hicieran innecesarias pedir limosnas para sobrevivir de la caridad. Sería el mejor indicador de que el mundo camina hacia un cambio a mejor en profundidad moral.

En la misma suposición analógica del símil anterior, las máquinas o inventos del ser humano son equivalentes a mutaciones tecnológicas del supuesto súper-organismo humano en el ámbito planetario. Es decir, que la evolución humana sociocultural, mediática y tecnológica del momento actual adquiere unas características muy singulares pues, obviamente, el mayor conocimiento teórico y los poderes económicos y tecnológicos adquiridos dan una dimensión al protagonismo del fenómeno humano que nunca ha tenido hasta ahora. El fenómeno humano en su conjunto se está convirtiendo, cada vez más, en protagonista agente y paciente del proceso global de la evolución por selección natural. También, y por supuesto, de los objetos o máquinas que inventa o pueda inventar… y que, a su vez, evolucionan por el mismo principio selectivo natural por simbiosis competente y colaboradora que generen calidad de vida equitativa en las necesidades básicas de salud, trabajo y cultura para unas mayorías sociales si se gestionan digna y honestamente.

Estamos, pues, ante una nueva era antropozoica en la evolución del planeta que conjuga cambios evolutivos entre los caracteres biogenéticos animales {y/o} las características humanas sociales y culturales, industriales y tecnológicas… emotivas y psicológicas. Hechos y acontecimientos, que bien gestionados podrían asegurar una subsistencia digna y en paz entre las personas, a la vez que sostenible para el planeta al dar respuestas idóneas a los problemas, aquí y ahora, desde el conocimiento teórico científico y sus aplicaciones tecnológicas, telemáticas… y económicas. Por supuesto, bajo el impulso innato originario de buscar soluciones al problema de fondo, o sea, la supervivencia personal y de la tribu familiar, de manera más inmediata, y la permanencia de la vida humana y de la diversidad biológica en el planeta. Hechos compatibles con un conjunto de variables tan diversas y complejas que varían e interactúan enriquecidas por las creaciones humanas artísticas y literarias, políticas e ideológicas, industriales, tecnológicas y económicas…

Es decir, que en el entorno biosférico terrestre antropológico todo se halla mediatizado por el supuesto súper-organismo humano que interactúa, ¡aquí y ahora ya!, de agente globalizador y de actor coordinador, con sus errores y aciertos, siempre vigilado por las fuerzas y leyes de la naturaleza, entre ellas por el proceso de la selección natural. Hay pues razones, en principio, que aportan optimismo en el futuro del sistema biológico y sociocultural, personal y sistémico del fenómeno humano. Ya que si abandonamos el lenguaje metafórico y damos al fenómeno mutación el sentido, estrictamente, evolutivo genético aplicado al contexto presente de la evolución biológica y humana, social y cultural del fenómeno humano sistémico, constatamos que la humanidad tiene, como entidad global, el conocimiento teórico y el poder tecnológico para intervenir directamente en el fenómeno general de la evolución induciendo y generando mutaciones biogenéticas… e impulsando y controlando mutaciones socioculturales, cada vez más virtuales y globalizadas, pero también tan reales y de alto riesgo, que precisan del seguimiento y del control homeostático de instituciones internacionales por encima de los poderes económicos sociales, políticos militares… y religiosos nacionalistas. Sin duda alguna, la interacción de las nuevas tecnologías de la información hace que la nueva evolución sociocultural tecnológica y globalizada sea la más compleja y acelerada, incierta y arriesgada que la de cualquier otra encrucijada evolutiva anterior en la naturaleza terrestre de la vida y la humanidad.

 

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