ENSEÑANZA ENCICLOPÉDICA DOMESTICADA

{y/o}

EDUCACIÓN CRÍTICA ABIERTA

La evolución biológica darwinista ha sido confirmada y superada por los avances científicos durante los dos últimos siglos. En la actualidad, se halla integrada en la teoría científica de la Complejidad sistémica natural, tanto del macro como del micro y del nanomundo, que en su conjunto forman la Naturaleza terrestre y cósmica. Hasta tal punto han progresado la información y el pensamiento científico en la concepción holística o integradora del mundo universal que los científicos tienen argumentos teóricos y pruebas empíricas para dar explicaciones armoniosas y congruentes del mundo y de la vida sin necesidad de recurrir a fuerzas misteriosas o extranaturales.

De acuerdo con la nueva y actual concepción científica del mundo el sistema educativo social y cultural de la ciudadanía debería mantenerse en equilibrio estable y sostenible entre los extremos inestables e insostenibles de una enseñanza enciclopédica domesticada e inconsciente {y/o} una educación crítica abierta y consciente. La calidad y la equidad en la educación cívica social y en la formación cultural de los futuros ciudadanos, entre espectadores pasivos {y/o} actores comprometidos, tienen un protagonismo muy significativo y determinante para un futuro estable y sostenible de la humanidad y del planeta en su evolución natural entre la variedad casual aleatoria {y/o} la selección natural necesaria y eficaz de los sistemas que conforman la naturaleza terrestre planetaria.

Por consiguiente, podemos y deberíamos superar los atrincheramientos planteados, históricamente, duales o bipolares antagónicos propios de la ignorancia masiva y de los fanatismos ancestrales. Ambos aspectos socioculturales fomentados por los intereses socioeconómicos y las creencias culturales de las clases elitistas, antiguas y actuales, a la hora de buscar soluciones extremistas entre dilemas bipolares y excluyentes, al estilo del blanco [o] negro,ya superado en lo que respecta al espectro cromático cuántico de la luz-, pero no en el sentido cultural analógico; de las izquierdas [o] derechas en la jerga intelectual socioeconómica y política; de la división en buenos [o] malos según los credos religiosos, los nacionalismos tribales y excluyentes … y de la guerra [o] la paz para solucionar los problemas de convivencia comunitaria.

En la era histórica del momento presente las soluciones alternativas de este pensamiento bipolar antagonista y dogmático, referente a los problemas personales y sociales de la humanidad, han quedado arcaicas y obsoletas con respecto a la visión que la Ciencia contemporánea tiene del mundo.  Así por ejemplo, la guerra es la solución más sencilla e inestable, pero la peor de todas las soluciones posibles… Por el contrario, la paz es la solución más compleja y estable, pero implica que nunca todos están de acuerdo en todo… Y por tanto hay que dialogar, negociar y consensuar soluciones equidistantes en lo que es fundamental y mejor para la mayoría social. Es el “wind-wind”, o la mejor solución para todos, en expresión cultural anglosajona.

Precisamente, esta es la línea de actuación de la Naturaleza en la evolución de los sistemas que la componen mediante el proceso o ley de la Selección natural, ya que ejerce de agente negociador necesario y neutral favoreciendo las soluciones más estables y sostenibles, o sea a la mejor adaptadas a las circunstancias reales, entre las propuestas u opciones que aspiran a ser elegidas. Es la forma natural o democrática que la Naturaleza emplea para evolucionar por selección natural, obligando al diálogo y a la negociación de las partes interesadas en competir para salir adelante,  poco a poco y siempre bajo la vigilancia de las fuerzas fundamentales y leyes universales. Por tanto, negociar y llegar a pactos no es sinónimo de traición sino más bien todo lo contrario… Esta concepción del mundo y de la vida es una conquista del pensamiento científico realista y sistémico holístico actual, al progresar en el conocimiento reflexivo y crítico de la Historia de la evolución natural del mundo universal.

Consiguientemente,  como  humanos sabios y únicos seres docentes debemos ser capaces de enseñar, aprender y transmitir información y conocimientos formativos, actitudes morales, valores éticos y comportamientos sociales, culturales y emocionales de excelencia sistémica inclusiva, equilibrada y respetuosa a la presente y sucesivas generaciones. Es decir, el cuerpo social ciudadano debe ser dotado de una educación cívica abierta a la realidad y de una formación cultural basada en el pensamiento científico, crítico y abierto. De manera que sea capaz de generar anticuerpos que curen enfermedades sociales del macro-organismo humano como: la corrupción política y económica; la violencia racial y machista; los nacionalismos excluyentes e insolidarios; las religiones únicas e impositivas; la segregación social en clases enfrentadas y la manipulación informativa y cultural que genera marionetas gregarias y consumistas… del usar y tirar.

Es necesario, pues, que una mayoría social amplia sea consciente de que nos hallamos ante un cambio de era tan dramático, crítico y poco halagüeño, como nunca en la historia de la Humanidad, porque por primera vez, que sepamos, tenemos el poder tanto para reinventarnos como para autodestruirnos…  Pero no debemos perder del todo la esperanza de salir adelante, por las buenas y con posibilidades de un futuro en paz, justicia y dignidad. Puesto que el conocimiento científico y los medios económicos, técnicos e informativos, alcanzados por las privilegiadas generaciones de este extraño comienzo de siglo, nos permiten “reinventar una concepción del mundo que no sea sólo la traducción moderna de nuestros prejuicios ancestrales y nos permita conjurar el retroceso que se anuncia … Todos cuantos vivimos en este extraño comienzo de siglo tenemos el deber -y, más que todas las generaciones anteriores, los medios- de contribuir a esa empresa de salvamento; con sensatez, con lucidez, pero también con pasión e incluso, con ira. Sí, con la ardiente ira de los justos.” ( Amín Maalouf,  “El desajuste del mundo”, en Alianza editorial, 2009)

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