¿Qué había antes y qué hay después del big bang en el Universo  por el que paseamos?…

 

Nuestro ordenador cerebral de mamíferos humanos tiene disco duro más que suficiente para procesar información y acumular memoria de las historias, de las que somos protagonistas con un principio seguido de una serie de acontecimientos que acaban siempre con un final. De modo que las percepciones registradas por nuestro privilegiado cerebro nos permiten diferenciar un antes y un después de los sucesos del entorno temporal en el que nos desenvolvemos. Es decir, que somos conscientes de nuestro Yo mismo individual e irrepetible capaz de elaborar, subjetivamente, el mapa espacio-temporal de nuestra historia existencial en el mundo y de las circunstancias que vivimos.

Los descubrimientos más recientes de la neurociencia permiten localizar las áreas cerebrales donde la mente humana ejerce la facultad de almacenar información y procesar datos de manera consciente para poder relatar la autobiografía personal y la historia específica de los sistemas naturales del pasado, del presente e incluso de hacer proyectos de futuro… Sin embargo, el Yo consciente de cada ser humano es subjetivo, parcial y limitado. Cada cerebro construye el mapa local y temporal de su historia personal conectada con otras historias individuales en circunstancias y momentos ambientales puntuales. Es pues necesario fomentar la prudencia reflexiva, al tiempo que inquietudes abiertas a la duda para no caer en interpretaciones subjetivas y repuestas fáciles y cómodas  de los acontecimientos que observamos en la naturaleza.

Hemos comenzado la historia sobre la evolución del mundo universal con el origen de los orígenes o principio de los principios del tiempo y el espacio, de la materia y la energía, de las fuerzas y leyes naturales consiguientes que gestionan el funcionamiento de los acontecimientos que suceden en el universo… Aceptamos el reto que supone iniciar este ensayo, que pretende ser asequible y de aproximación comprensiva, histórica y científica, al hecho de la evolución natural del mundo que ha sido, y es todavía en muchos aspectos, un órdago a solventar por la fuerzas que sustentan la fuerza de la inteligencia del ser humano.

Sin embargo, son hechos que han sido cuestionados por nuestros antepasados y, desde luego, planteados por la curiosidad imaginativa infantil, por la observación reflexiva adolescente, responsable juvenil y serena del ser humano adulto de todos los tiempos. Es cierto que el saber científico contemporáneo no tiene todas las respuestas pero sí que ha avanzado bastante y tiene mucho que decir y explicar, al tiempo que dar soluciones prácticas reales, como nunca en otras épocas históricas anteriores. Por supuesto que la ciencia contemporánea no tiene todas las soluciones, pero sí la actitud constante de esfuerzo persistente por intentar conseguir interpretaciones reflexivas y objetivas, creíbles y contrastables de los acontecimientos que ocurren en el mundo natural.

Respecto a la primera parte de la cuestión planteada en la pregunta formulada, por ejemplo, la ciencia no sabe si lo que pasa aquí y ahora, en nuestro mundo y en el tiempo que nos toca vivir, tiene algo que ver, o bien si es transferible, a lo que había antes del comienzo del universo conocido: “¿Algo o nada?… ¿Por qué algo en lugar de nada?… O bien, ¿nada en lugar de algo?”… como se preguntaba una y otra vez el matemático y filósofo teórico G. W. von Leibniz. Los grandes pensadores de las diferentes civilizaciones antiguas han dado, mayoritariamente, respuestas transcendentes o metafísicas con planteamientos imaginativos y creativos, pero a un nivel intuitivo de tipo poético literario o religioso creacionista unas veces, o bien metafísicos perennes y filosóficos finalistas otras… Ahora bien, desde la perspectiva científica experimental no se pueden avanzar inferencias a planteamientos filosóficos que trascienden la realidad, como los que se hacía Leibniz. Pues no admiten pasar por las pruebas observacionales y mucho menos, dar soluciones reales a planteamientos abstractos que no permiten obtener datos contrastables que verifiquen o no los hechos observados intuitivamente, como exige el método de esfuerzo mental científico. Es verdad que la ciencia parte de inferencias hipotéticas, pero avanza con la observación crítica y el análisis de la duda razonada, para culminar con la experimentación revisable y revocable de los hechos sometidos a examen.

Por tanto, la actitud científica con respecto a la primera parte de la pregunta propuesta a reflexión es de abstención esperanzada en poder obtener información y conocimiento algún día sobre aquello que hoy es enigmático, todavía sin explicaciones comprobatorias que ofrecer, pero sin renunciar a tenerlas en el futuro… Los científicos no pueden emitir hipótesis, y menos aventurar explicaciones sobre hechos o fenómenos que no permiten la contrastación empírica. De modo que asumen su ignorancia y las limitaciones del método de búsqueda experimental con discreción, respetando cualquier otra opinión razonable y honesta, siempre que no vaya acompañada de intimidación coercitiva de obligado acatamiento, o bien engañosa e interesada para el resto de la ciudadanía. Por tanto, a la primera parte de la cuestión planteada en este apartado la ciencia nada tiene que decir ni explicar al día de hoy. El talante científico es de humilde abstención, o bien de actitud agnóstica en el sentido de neutral, pues nada sabe al respecto de lo que había antes del big bang, pero no renuncia al esfuerzo de adentrarse en el misterioso comienzo y en la evolución progresiva del universo que hoy conocemos.

No debe extrañarnos que astrofísicos y cosmólogos se abstengan de opinar sobre lo que había antes del horizonte paradigmático del big bang o del comienzo del universo. Con esta expresión analógica y pedagógica los expertos tratan de interpretar de manera metafórica, pero inteligible popularmente, el posible arranque del universo de acuerdo con la información y los datos científicos privilegiados que obtienen en laboratorios experimentales de Física cuántica nuclear y en las estaciones de observación telescópica y radiológica espaciales… De esta manera logran caracterizar el posible horizonte referencial de los primeros microsegundos del comienzo del universo que conocemos. La actitud del científico es de avance sin prisas, pero sin pausas, con la magia poderosa del pensamiento abierto al cambio de opinión, pero siempre sometido a la esclavitud de las pruebas que van apareciendo. También, en estado de alerta y duda permanentes, pero con la actitud discreta y humilde de búsqueda esforzada… Nunca con la soberbia de desvelar todas las incógnitas de la naturaleza y convertirlas en una doctrina de verdades absolutas o dogmas cerrados de obligado acatamiento para todos. ¡Tal es la grandeza y la pequeñez de la ciencia y la humildad de sus profesionales!

Sin embargo, respecto a la segunda parte de la primera cuestión del apartado, los astrónomos y astrofísicos sí tienen respuestas certeras que dar, y que hace unas décadas no tenían, referentes a lo que hay tras el big bang de acuerdo con los avances de la Física cuántica en el conocimiento de las partículas nucleares y atómicas elementales, también de las fuerzas y leyes naturales descubiertas que rigen en los sistemas naturales. Precisamente, tienen explicaciones abiertas a discusión y enriquecimiento, a partir del conocimiento científico más reciente que narramos en esta primera etapa del comienzo y organización evolutiva consiguiente del universo.

 

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